El arte de las pequeñas cosas



¡Geropa! ¡GEROPA! ¡Geropaaaa! De pronto, si digo estas palabras puede que resulte un tanto extraño y que pienses que soy un loco. Tal vez sí pero deja que me explique antes que hagas click en cerrar. Esta expresión pertenece a un anuncio publicitario muy notorio de los años 90’, que tuvo un impacto significativo en la sociedad popular del momento, llegando a convertirse en un vocablo tan divertido como característico para el arte contemporáneo.


Aquella palabra, en realidad, era parte de la letra del tema ‘Sex Machine’ interpretada por James Brown para un anuncio de Renault Clio y reproducido principalmente en la cadena MTV. En él, la potencia del vehículo era lo que se pretendía poner de relieve. Por eso, cuando en aquel clip de vídeo el conductor pasaba veloz cada día por una estación de servicio, el trabajador escuchaba solo un fragmento de la frase completa que sonaba en el radio cassette.


Aquella manera de relatar las cualidades de un producto, en pleno auge de la televisión y por ende de la publicidad en formato audiovisual, se repetía en reuniones de amigos.


¿Con qué fin? En algunas ocasiones era sencillamente para hacer una gracieta y en otras para hacer notar que, en medio de una charla, alguno de los interlocutores presentes estaba despistado y el tema de conversación le pasaba por delante sin inmutarse.


Tal que así, es un claro ejemplo del aporte del arte a la sociedad actual. En definitiva, el lenguaje publicitario es el mayor exponente de la importancia de la cultura moderna y cómo nos influye en nuestro día a día.


Y aquellos que lo recuerden, también se les vendrá a la memoria aquello de “busco a Jack” o “cuando haces pop ya no hay stop”. Mientras que el primero pertenece a un anuncio de perfume masculino, el segundo corresponde a unos famosos snacks que son envasados en un formato cilíndrico y cuya tapa hace un sonido particular al ser abierta. Un eslogan publicitario que se usaba para destacar que alguien se encontraba animado por algún hecho o circunstancia que le gustaba y que quería seguir disfrutando.


ARTE Y SOCIEDAD: UNA INFLUENCIA MUTUA



Quiero con estos ejemplos poner de relieve que el arte, en este formato tan importante como la pintura, la escultura, la moda o incluso la danza y el cine, nivela la balanza junto con la sociedad de alguna u otra manera. Una simbiosis, en la que las dos se ven influenciadas de tal forma que una es inseparable de la otra, ya que no solo el arte

repercute en la sociedad.


Después de esta argumentación, os cuento que el arte se relaciona con la sociedad en cuanto la observa, analiza y construye. Recurriendo a unos lenguajes que la muestran

en sus aspectos constitutivos relevantes incorporando en este quehacer necesidades con una función determinada.


Es decir, tanto para la objetualidad de uso, las relaciones con el espacio habitado amalgamables y relacionadas con quienes lo habitan. Porque el trabajo de los artistas, en suma, ha construido cosmogonías colectivas e individuales que con el correr del tiempo, la información y opciones culturales han compendiado en obras artísticas.


Es el arte, en sí, una necesidad del ser humano. Quien tiene el impulso de crear necesita desarrollarlo. ¡En cualquier forma! José Perea, diseñador de moda y Premio Nacional de Diseño en 2016, rememora que “desde pequeño sabía lo que quería” y que ha escondidas ya usaba lo que estaba al alcance de sus manos, como unas “cortinas de su abuela”.


Es decir, ya no solo por la propia experiencia del artista en sí, que vive en la sociedad y hace de su visión una representación social, sino porque en lo que vive se crea una necesidad de expresión que pretende influenciar en las personas. Ya sea por la mera belleza de la obra o con algún fin particular, como relatar una experiencia, un recuerdo o cambiar un comportamiento humano a través de la reflexión.


“Para mí la danza-teatro, el uso de la palabra, es un boom artístico, ¿sabes?”, deliberaba Alberto Velasco, actor y bailarín. “La danza es algo muy especial para mí porque me conecta no solo con un tipo de trabajo muy emocionante, también con mi infancia, con mi adolescencia, con aquellas primeras veces, de los nervios cuando todavía eres un crío… Es por lo que sigo bailando a día de hoy”.


Recuerdo cuando Nacho Tabuada, vocalista de Colectivo Panamera, me contaba qué le movía a componer. “Quizás sea la vida misma, nunca sabes cuál puede ser la fuente de inspiración, puede estar en las pequeñas cosas y en los sentimientos profundos”, relataba.


También Jimmy Barnatán, actor y músico, me contaba qué les movía a componer. “En cualquier esquina hay una canción”, explicaba. “En cualquier bar, en cualquier recodo de la memoria... La cotidianeidad tiene historias que nos gusta contar y cantar”. Por eso decía que “hay veces que te cruzas con personajes inspiradores” o con “lugares”. Por en definitiva “las historias están ahí”.


Y es que recurrir al lenguaje artístico, que habla multitud de idiomas y que se presenta en diversas formas, es sea como fuere para quien lo vive un impulso, una necesidad, algo que va en nosotros. En tanto en cuánto el arte tiene que ver con la sociedad es porque es parte de nosotros mismos. Porque, precisamente, en la misma evolución de los individuos, y lo que le rodea, se observa que el arte se ha convertido en un instrumento social.

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