La importancia de la transmisión

Desde jovencita me interesó el Arte pero después de conocerla, a ella, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Las Palmas de Gran Canaria, mi interés fue creciendo y creciendo, continuando ahí a través de los años; tengo ahora 63, medio siglo ha pasado desde su importante intervención. Lo novedoso, su forma de transmitir su propia admiración por el Arte y las enseñanzas que éste nos ha proporcionado durante siglos.


Se sirvió de un método gráfico que, para los que no habíamos visto in situ esas obras, lo hacíamos a través de sus ojos, de sus explicaciones escuetas y de caseras diapositivas fruto de sus viajes recorriendo los altares de ese Arte que amaba.


Este método y manera de enseñar, aunque novedoso en esa época y que pocos profesores utilizaban, no iba en detrimento de la educación reglada y rígida de la época sino que, más bien, aportaba un campo menos explorado: la participación del alumno como sujeto activo de su propio aprendizaje; casi como un autodidacta. Junto a esta exposición visual, nos proponía fijarnos en la foto: detalles de formas y colores, elementos existentes, manifestaciones religiosas y sociales, valores añadidos (políticos, castrenses, etc.) y un sinfín de apreciaciones que nos iba sugiriendo. Nos fabricábamos nuestra propia lección de Historia del Arte, la asignatura que ella impartía. Sin libros, ni deberes, ni escritos académicos, empleábamos nuestro cerebro para concretar lo que percibíamos traducido en palabras que, compartíamos en una asamblea participativa. No existía la timidez del que no sabe porque, entre otras observaciones, ninguno - excepto ella - sabíamos tanto del tema. La Evaluación de los contenidos, la hacíamos en el momento con la participación general de todos aportando ideas y conocimientos previos, llegando a conclusiones breves sin superar a los eruditos en la materia, ¡claro!.



Esta metodología, fue para mí la puerta para descubrir el Arte, para disfrutarlo, estudiarlo, apreciarlo. Resultó ser una escuela para mi posterior forma de desempeñar mi función como maestra de Educación Infantil y Primaria. Desarrolló en mí una creciente afición a observarlo todo, a sacar conclusiones de lo averiguado y transcribir esas experiencias en palabras, transmitiendo a mis alumnos las ganas de adquirir conocimientos juntos: yo, también, me maravillaba con lo que nuestro oficio de investigadores nos reportaba.


Hoy en día, los recursos y los avances, a muestro alcance, son numerosos: catálogos, experiencias, pinacotecas, edificios arquitectónicos, bibliotecas, etc. Se nos ofrecen muchas posibilidades artísticas, amén de tener mayor facilidad para apreciarlos de primera mano con viajes, excursiones, visitas guiadas... No valoramos, algunas veces, lo que tenemos y lo que la Historia del Arte nos aporta en nuestra vida cotidiana: sensibilidad; espíritu crítico que, para el que no guste leer grandes textos, puede ser percibido por esas ventanas al mundo llamadas ojos o experiencias y sensaciones que enriquecen nuestra personalidad. El poder de la imagen sigue estando en valor y llega a más público aportando numerosas y variopintas interpretaciones de lo que se percibe a través de lo visual; si sumamos a esto el intelecto, las experiencias, aficiones, gustos, ya tenemos un complemento perfecto para nuestro enriquecimiento personal y social.


Soy espectadora, no me dedico a la pintura, no soy escritora, ni música,... no practico ninguna disciplina concreta. Me he dedicado a enseñar que el Arte está en nuestras vidas, dentro de nosotros desde siempre y para siempre; que se manifiesta de diferentes maneras; que trasciende a las personas y a los tiempos históricos desde las cavernas; que el Arte está en el ADN de la Humanidad como algo intrínseco, transpersonal y necesario; que hay que protegerlo para nuestra propia existencia, porque no solo depende de lo académico.


Se ha puesto de manifiesto, en la magna experiencia que estamos viviendo en estos días con este confinamiento, que cierta forma de arte “casero” no menos importante ha despertado en nuestros hogares y ha servido de bálsamo para muchos de nosotros. Con democráticos consensos familiares hemos elegido temas, colores y diversos materiales para elaborar carteles (algunos verdaderas obras de arte) para exponer en los balcones nuestro apoyo y ánimos a los que nos cuidan. Nuestras casas no se han salvado de esta situación y con pequeños detalles les hemos dado un estético cambio incluso en la organización de los espacios. El arte culinario, por ejemplo, nos ha ayudado a llevar una experiencia sana y autónoma de la comida precocinada, que nos ha hecho investigar y experimentar nuevas opciones; añadiendo satisfacción por los logros obtenidos por nosotros mismos. Y, así, podríamos añadir comentarios sobre esas aptitudes artísticas desconocidas que nos han sorprendido gratamente, haciendo que nuestro tiempo haya pasado de mejor manera y sin traumas en lo posible. Se podrían añadir muchos matices y campos en la exaltación del arte en la vida, pero lo dejo aquí por el momento.


Por último e insistiendo: Esa “solidaria donación” a la que me refiero al inicio de este escrito fue lo suficientemente generosa conmigo para hacerme amar el Arte en su conjunto con sus variadas y numerosas disciplinas; personalmente, me ha hecho mucho bien. La transmisión es importante, muy importante, y la forma de hacerlo, mucho más.


Lourdes, querida profesora,... ¡contigo empezó todo!

¡Gracias!


Mercedes Alonso.

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